EL MATE

Los primeros testimonios de la existencia del mate se localizan en los escritos de los cronistas españoles del s.XVI. En éstos se hacían referencias a una hierba estimulante que los indios guaraníes consumían en forma de infusión y que cultivaban en la actual frontera que hoy divide Paraguay de Argentina.

Con el paso del tiempo, el bajo coste de producción y el extendido consumo del mate entre las clases populares contribuyeron a su difusión en los países del llamado Cono Sur latinoamericano. Hoy se cultiva en Argentina, Uruguay, Paraguay, en una parte de Chile y de Bolivia y en el sur de Brasil y forma parte de la idiosincrasia cultural de estas zonas. Se consume fundamentalmente en grupo y constituye en estos países un importante medio de socialización, ya que es muy conocida la imagen de la calabaza con agua caliente, las hojas de mate y la pajita metálica que pasa de mano en mano en la casa, entre amigos, en el lugar de trabajo y en las marchas. El mate es rico en vitaminas y sales minerales y tiene un efecto estimulante y antioxidante.

EL MOVIMIENTO DE LOS SIN TIERRA (MST)

El mate del que se abastece “La Semilla” se produce en el sur de Brasil por la Cooperativa Central para la Reforma Agraria del Paraná, una de las nueve cooperativas centrales del Movimiento de los Sin Tierra. El MST es uno de los más grandes movimientos agrarios y sociales del mundo, cuenta con dos millones de miembros y lucha para que cambien las estructuras sociales y económicas desiguales del país e impulsar la ansiada reforma agraria. Como muestra, en Brasil hay 4’5 millones de familias sin ningún título de propiedad, en el momento en que el 60 % de las extensiones agrícolas permanece sin cultivar y que el 1% de la población posee el 49% de la tierra cultivable.

En la década de 1970, la mecanización del sector agrícola y la orientación de la producción agraria a los mercados exteriores obligaron a muchos pequeños campesinos a buscar trabajo en los grandes latifundios o a emigrar a los centros urbanos. Los campesinos sin propiedades empezaron a ocupar terrenos sin cultivar para reclamar acceso a la tierra y dignas condiciones de vida, además de que se satisficieran sus necesidades básicas. El fenómeno de las ocupaciones se extendió rápidamente en casi todo el país y condujo a la formación del Movimiento de los Sin Tierra en 1984.

El MST resume sus actividades en el lema “ocupación, resistencia y producción”. Con el apoyo que ofrece un artículo de la constitución, el cual determina que la finca agraria que no se cultiva en el 80% de su superficie, tiene que ser expropiada, sus miembros ocupan latifundios sin cultivar o se instalan en sus bordes. En estos lugares, levantan campamentos improvisados y empiezan a ejercer presión política y legal con marchas, ocupaciones de edificios públicos y corte de carreteras, reivindicando la concesión de títulos de propiedad. Al mismo tiempo, organizan su defensa frente a los violentos intentos de expulsión por parte de la policía o de las guardias privadas de los terratenientes.

Cuando la finca se expropie, proceso que puede durar hasta diez años, se crean asentamientos permanentes y comienza la producción así como la reivindicación de recursos y servicios estatales. El MST pone en práctica la reforma agraria y trata de invertir la migración de la población agrícola hacia los grandes centros urbanos, organizando el camino de vuelta al campo. Dos décadas después de su fundación, ha conseguido que 300.000 familias obtengan tierra, mientras 115.000 continúan viviendo en campamentos provisionales. La mejora de las condiciones de vida en las áreas rurales y la creación de una organización para la concienciación y la lucha colectiva es también una aspiración del movimiento. Escuelas y centros de salud son las primeras obras comunitarias que se levantan en la finca ocupada, en donde funcionan además pequeños comités culturales, políticos, de género, de comunicación, etc. Más de 160.000 alumnos aprenden en las dos mil escuelas que funcionan en todo el país. Incluso el MST ha creado sus propios programas de educación universitaria.

En el sector de la agricultura, el cultivo en las aldeas se realiza a nivel individual o familiar, existiendo al mismo tiempo casos de propiedad y producción comunitaria. La agricultura se lleva a cabo fundamentalmente de manera biológica y tradicional y tiene por objetivo cubrir las necesidades locales y la consecución de la autosuficiencia alimentaria. Para la proyección de sus productos en el mercado local, el MST ha constituido cientos de pequeñas cooperativas que se agrupan en entes más grandes que operan a nivel estatal. Una de estas es la Cooperativa Central para la Reforma Agraria de Paraná, formada por 8.000 familias. Aproximadamente una tercera parte de éstas se dedica al cultivo del mate, uno de los escasos productos que exporta el MST. Por medio de la cooperativa pueden exportarlo y ponerlo a disposición de las redes alternativas de distribución de productos, a precios más altos que los del mercado.