¿QUÉ ES “LA SEMILLA”?

En nuestros días, en Asia una niña de 12 años puede trabajar para una multinacional todo el día para hacer la blusa que llevará la trabajadora que ha sido despedida en Grecia. Se dice que la una es competitiva y la otra no. El agricultor iraquí cultiva, con semillas que se ha visto obligado a comprar a las grandes industrias agrícolas, los alimentos transgénicos que comerá el atemorizado consumidor europeo. El productor de café latinoamericano abandona su campo y se amontona en un suburbio de chabolas mientras que el trabajador de un centro comercial del Norte ordena en los estantes, haciendo cada vez más horas, cada vez por menos salario, los productos de las multinacionales que tumbaron el precio del café. Dicen que así es mejor para todos. ¿Hemos perdido algo nosotros o el mundo va al revés? .

Sin embargo… hay muchos que no están dispuestos a contemplar impasibles esta realidad. Quieren volverse responsables en el presente y tomar la palabra en la vida cotidiana, mostrar que las cosas pueden funcionar de otra manera, armar un poco de jaleo. De este modo, irrumpen continuamente con pequeñas y grandes iniciativas en búsqueda de justicia y dignidad. Junto a éstas, han nacido y se han multiplicado en estos últimos años en todo el planeta proyectos que construyen diferentes modelos de comercio y de economía. Pequeñas cosas que no resuelven las injusticias, que no cambian el mundo inmediatamente, pero demuestran que la realidad es transformable.

¿Y QUÉ HACEMOS, PUES?

En otoño de 2004 comenzamos un proyecto de estas características en Grecia. A través de una red de agrupaciones paralelas en Europa, conseguimos tener acceso a productos de colectivos organizados del “Sur” mundial que luchan por independizarse de los intermediarios locales y las grandes compañías: café de las cooperativas zapatistas de Chiapas en México (que constituyen la inspiración básica y el núcleo de nuestras actividades), cacao de la cooperativa “El Ceibo” de Bolivia, mate del Movimiento los Sin Tierra (MST) de Brasil, té del movimiento de los Adivasi y otros productores de la India, azúcar de cooperativas de Ecuador.

La comercialización de los productos entre redes alternativas ofrece a los productores mejores precios que los humillantes con frecuencia, del mercado. Potencia su autonomía con el objetivo de que puedan escoger el modo de producir y organizarse, creando al mismo tiempo puentes de comunicación con los movimientos del Norte. La suma de las actividades económicas fortalece las estructuras productivas (formación, adquisición de maquinaria, etc.) y participa en la dotación de infraestructuras (enseñanza, salud, etc) en las comunidades locales.

No obstante, no solo apuntamos lejos. Sabemos que en Grecia se están produciendo en los últimos años planes de organización colectiva de pequeños productores con el objetivo de promover otra lógica en la producción y la comercialización agraria. Nos planteamos ya el cómo podemos conectarnos con estas iniciativas y con cualesquiera otras similares que puedan aparecer.

CÓMO ENTENDEMOS EL COMERCIO ALTERNATIVO Y SOLIDARIO.

Queremos mostrar que las relaciones comerciales no se definen “naturalmente” en beneficio de unos pocos, sino que pueden ser humanas cubriendo necesidades reales. Al menos, podemos experimentar con un modelo de comercio diferente y alternativo, el cual, en lugar del beneficio tenga una multitud de objetivos: la autonomía y la digna existencia del productor, la viabilidad de los tejidos comerciales, la calidad y el precio razonable para el consumidor, la conservación del medio ambiente. Queremos que estas diversas aspiraciones se rijan por relaciones de confianza y reciprocidad, con la participación de todas las personas implicadas, y no por la mano “invisible” del mercado. Es decir, agruparnos en una red compacta:

Una red de personas que luchen conjuntamente para cambiar sus vidas desde las duras condiciones del explotado Sur y desde el individualismo y la “prosperidad” del Norte desarrollado.

Una red de comercialización de productos que no se fabriquen bajo condiciones de explotación y destrucción de la naturaleza, cuya calidad no se encuentre en el envase y en la publicidad, sino esencialmente, en la geografía, la historia y el valor de los hombres que los producen.

Una red de intercambio y difusión de ideas cuyo valor no se estima en dinero. Un lugar donde las palabras “solidaridad”, “confianza” y “participación” se ponen en práctica y se difunden en la sociedad como elementos inherentes a ella misma y no como utopías.

Cuando hablamos de “solidaridad”, entendemos este concepto en tanto que apoyo consustancial a luchas concretas que nos dan impulso para movilizarnos también a nosotros mismos, y no como simpatía por “los pobres del Tercer Mundo”. No queremos que la participación del “consumidor sensibilizado” se limite a la adquisición de un producto que contenga el sello de “justo”. En resumidas cuentas, no nos interesa lanzar al mercado un nuevo producto. Como ciudadanos atrapados en esta sociedad consumista uniforme queremos poner en duda las actuales relaciones económicas a través de nuestros actos cotidianos.

LA COOPERATIVA “LA SEMILLA”

Muchas son las “Semillas”, charlan, se plantean problemas y toman decisiones abiertas mediante aprobación colectiva, aspirando a que todo esto se lleve a cabo lo más igualitariamente posible, sin jerarquías, creando las condiciones necesarias para no caer en irregularidades. De la misma manera, tratamos de repartir las tareas en función de las obligaciones y el tiempo disponible de cada “Semilla”. La alegría de crear un proyecto común y colaborar libremente en él es quizás la experiencia más importante hasta ahora y queremos compartirla con todas las personas que respetan nuestra filosofía y se inspiran en ella.

El pasado noviembre, después de muchas deliberaciones, se aprobaron los estatutos definiéndose legalmente de la siguiente manera: Somos ya una cooperativa de proveedores sin ánimo de lucro. Asimismo, empezamos a habilitar un centro tanto para la comercialización como para las relaciones sociales.

No creamos castillos en el aire ni alimentamos falsas ilusiones. Conocemos muy bien cuántas dificultades se presentan en este proyecto que comenzamos, con cuántas contradicciones y obstáculos se encontrará; que quizás hará falta tomar decisiones que no estén totalmente de acuerdo con lo que aspiramos; que cometeremos errores. Pero si no ponemos a prueba nuestras ideas en el duro campo de la práctica, si no las confrontamos con el aquí y el ahora, seguirán siendo bonitas pero serán sueños inalcanzables. De este modo, emprendemos una experiencia llamada “La Semilla” esperando que eche raíces, que crezca, y porqué no, que brote en otros lugares.